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Wednesday, June 7, 2023




 7 de junio

Estamos en guerra

Pero: “…no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” Efesios 6:12.

 

Orar con perseverancia: Manténganse alerta y perseveren en la oración, siempre y cuando hagan súplicas por todos los creyentes. Efesios 6:18. Casi todo cristiano encuentra la oración difícil la mayoría del tiempo

¿Por qué sucede eso?

Una de las razones por las que nos tentamos a abandonar la oración es que no siempre recibimos una respuesta inmediata de Dios. En un mundo que exalta tanto la gratificación instantánea, esto representa una verdadera dificultad. El mismo problema se nos presenta al tratar de mantener una rutina adecuada o una dieta: queremos ver resultados ahora, hoy. Si nuestro nuevo enfoque no muestra rápidamente sus beneficios, es poco probable que perseveremos.

Carecemos de resistencia y esta es una de las razones por las que Jesús contó la parábola de la viuda que insistía ante el juez malo. Ella no cesó en su búsqueda de justicia ante el magistrado. Lucas hace el comentario editorial de que Jesús animaba a sus oyentes a entender que "deben orar siempre, sin desanimarse" (Lucas 18:1).

En otras palabras, Jesús quiere que oremos y que sigamos orando. Y luego que oremos nuevamente. EL oraba toda la noche al Padre.

Cuando Pablo nos dice que "permanezcamos alerta" y oremos "con perseverancia", está repitiendo las palabras de Jesús a sus discípulos en el Huerto de Getsemaní la noche antes de su muerte: "Vigilen y oren para que no caigan en tentación" (Mateo 26:41). Pablo habló de manera similar a los ancianos de Éfeso, instándolos a "mantenerse alerta" (Hechos 20:31). En un mundo inmerso en una batalla espiritual cósmica los riesgos son demasiado altos como para descuidar la oración.

A medida que sigamos acudiendo a Dios en oración y súplica, todos tendremos que aprender a estar contentos confiando en que Dios nos responderá en su debido tiempo, y todos tendremos que recordar que Satanás estaría encantado de persuadirnos de que la oración no marca ninguna diferencia y que Dios no escucha ni actúa. A veces, la persistencia parece  encontrarse con el silencio. Pero a su debido tiempo, Dios te mostrará que "el Señor no tarda en cumplir su promesa" (2 Pedro 3:9). Él responde todas tus oraciones exactamente cuándo sabe que es correcto y de la manera que siempre es mejor para ti. Dios siempre está haciendo mucho más de lo que podemos pedir o imaginar. A veces podemos vislumbrar algunos de sus propósitos, pero otras veces se nos pide que vivamos por fe, no por vista.

¿Hay personas o situaciones por las que has dejado de orar porque no has recibido una respuesta clara y positiva? Recuerda, aún no has recibido esa respuesta. Un día verás lo que Dios estaba haciendo al dirigir las cosas de manera diferente a cómo las habrías elegido tú. Hasta ese día, puedes perseverar en la oración, porque es lo que Él manda y porque Él ha prometido obrar para el bien de su pueblo. ¿Por qué no comenzar hoy a orar con perseverancia por algo de lo que dejaste de hablar con Dios?

Los caminos de Dios son inescrutables, demasiado profundo, demasiado altos para que podamos percibir su accionar.

(Esta reflexión ha sido elaborada y adaptada luego de traducir un artículo de Alistair Begg)

 

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Tu hermano en Cristo

Roosevelt Jackson Altez

Puedes comunicarte con nosotros a: edicionesdelareja@gmail.com

Wednesday, January 18, 2023

¿Dónde están las promesas?

 



¿Dónde están las promesas?

2 Pedro 1:3-5

El Apóstol Pedro afirma que el Divino poder de Dios nos ha concedido todas las cosas pertenecientes a la vida y a la piedad a través del conocimiento del Padre y del Hijo. Nos ha garantizado sus preciosas e inconmensurable, enormes, promesas.

Ante estas afirmaciones a veces pensamos, ¿Dónde están esas promesas?

Si Dios nos concedió esto tan maravilloso ¿porqué se nos hace tan difícil?

¿Cómo funciona? ¿Qué tenemos que hacer?

Frecuentemente los cristianos dudamos; no de Cristo, no de Dios; sino del lugar o forma que recibimos esas promesas. Entonces: ¿A qué se refiere el Apóstol que fue líder de los doce? ¿El que lo negó tres veces? El que antes la pregunta de Cristo si lo amaba, le contestó con lágrimas, “Señor, tu sabes que te amo.

Muchas veces Dios parece enviar un mensaje doble. Por una lado afirma que es Él el que provee los medios para tal ardua labor y por el otro, paradojalmente, nos dice que debemos trabajar duro en nuestra vida cristiana para lograrlo.

Es lo que sucede aquí, similarmente Pedro dice que su Divino Poder nos garantiza todas las cosas pertenecientes a la vida; en otras palabras, nos dice que nos dio todo lo que necesitamos para seguir a Jesús. Pero casi enseguida nos ordena hacer todo esfuerzo. En otras palabras, Dios nos ha dado todo pero todavía nosotros tenemos que hacer el esfuerzo, a veces tremendo, para ser participantes de la naturaleza divina.

En Colosenses 1:29, otro Apóstol, Pablo, nos cuenta que trabaja y lucha constantemente. A quienes hemos leído las cartas del esforzado hombre de Dios, nos consta sin lugar a dudas. ¿Cómo pudo hacerlo?

Él mismo lo contesta: mediante el poder que actúa poderosamente en su persona.

Si recordamos lo que Jesús le dijo a Ananías, en Hechos 9, caundo lo envió a imponer sus manos sobre Pablo, para que cayeran las escamas de sus ojos: El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;  porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 

Algo similar nos afirma el enviado a los gentiles (a nosotros) en Filipenses 2: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. Y enseguida, sin darnos tiempo a respirar, afirma: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Entonces debemos meditar sobre cómo cuidar esa salvación.

Fácilmente olvidamos, por nuestra humana condición, lo que hemos recibido, de integrantes de la familia, de amigos, de hermanos en Cristo, y con más razón olvidamos el regalo y el significado de la vida eterna.

En ese corto meditar, que no es muy trabajoso, recordemos lo que éramos antes, perdidos en nuestros delitos y pecados. En una maldad que, si somos sinceros al recordar, nos aterra.

Las palabras de Isaías, en el capítulo 64 nos compara con trapos de inmundicia. Dice: “todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia”

Dios nos manda a discernir, a pensar y razonar, entre lo santo y lo profano. Levítico 10:10

Pablo, en Romanos 6:9: nos dice: “así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.”

Si debemos honrar y cumplir con el llamado, tenemos que trabajar arduo, porque la salvación dada por gracia no sólo lo amerita, sino es tan preciosa que sería estúpido descuidarla. Es necesario estar constantemente vigilando, primero nuestro ser interior, esa voz que nos apremia desde adentro, que nos llama a rendirnos.

Recordemos que David en diversas ocasiones hablaba con su alma: “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Y no dejaba que la duda creciera, pues inmediatamente respondía a a esa voz: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Salmo 42

No estamos abandonados, recordemos que Dios lo prometió: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” Hebreos 13:5

¿Hacia dónde caminamos?

¿Dónde acaba la jornada del Cristiano?

La repuesta debe ser suficiente para redoblar nuestros esfuerzos. Nos dirigimos a nuestras moradas celestiales.

Recordemos que no hemos contribuido con nada a esa nuestra salvación.

Hay una canción, un clásico cristiano, que pregunta: ¿Estabas ahí cuando crucificaron a mi Señor?

Nunca olvidemos que nuestro caminar con Cristo es la tarea más importante de nuestro dia a dia. Mantengamos nuestra vista en Él.

¿Dónde están las promesas?

En Cristo, porque todas las promesas son en Él: “Si, y Amén”

 

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Te saluda tu hermano en Cristo:

Roosevelt Jackson Altez

Puedes comentar o escribirnos a edicionesdelareja@gmail.com