Monday, April 3, 2023

El muerto que se cree vivo.

 


 

Una vez al año festejamos nuestro aniversario o eventos de relevancia en nuestra cultura o en la cultura universal. Así cada uno rinde homenaje al objeto de su admiración, comenzando por nosotros mismos, que es a quien más amamos.

Es en este tiempo que recordamos la entrada triunfal a Jerusalén de Jesús.

Y claro, te preguntas: ¿Qué tiene que ver el titulo con la entrada del Cristo en Jerusalén?

̶ Mucho. Y me explico: Para que este acontecimiento tenga relevancia, debemos entender el por qué de que el Rey, montado en un asno, fuese recibido por todo el pueblo con palmas (ramas de palmeras) y a la semana fuera crucificado entre dos ladrones sin haber cometido delito alguno.

Dice Efesios 2: “A ustedes, él les dio vida cuando aún estaban muertos en sus delitos y pecados, los cuales en otro tiempo practicaron, pues vivían de acuerdo con la corriente de este mundo y en conformidad con el príncipe del poder del aire, que es el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”.

Dicho de otra forma, todos estamos muertos. La efímera vida en nuestros frágiles cuerpos y corruptas mentes es tan breve que Isaías la compara con la hierba que nace en el terrado (el techo de tierra de las casas en los lugares áridos) que crece en la mañana, y cuando llega la noche ya se ha secado.

La mayoría de nosotros, los humanos, pasamos sin querer entender nuestra breve existencia, y negamos todo lo que no sea “real”. En los acontecimientos de “semana santa” suceden la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús, todo en ese mundo “real”, exceptuando la resurrección. Paradojalmente, la muerte expiatoria del Cordero de Dios nos da la posibilidad de “pasar de muerte a vida” (Juan 5:24), si creemos la Palabra de Vida. 


Ni idea tenemos que la semana santa trata de todo esto, pero conocemos el domingo de ramos (mal llamado, pues eran ramas de palmera las que se usaban), y el domingo de pascuas de resurrección. No sabemos porqué es pascuas, ni que es la pascua, ni de donde viene, ni cuando se inició. Nos regalamos huevitos de “pascua”, comemos pastas o asado ese domingo y nos saludamos cordialmente con un “felices pascuas” sin entender su relevancia.

Esto nos da el derecho de afirmar que no tenemos idea de que estamos muertos, y que la celebración es tan superficial como nuestra vida toda.

Claro, hay excepciones, que, como tales, son las menos.

Pero vayamos al grano, o mejor, a las palmeras: El Señor Jesús, sabiendo que se acercaba la hora de su muerte, y para que se cumpliese la Escritura de Zacarías 9:9, que decía: “Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga”, mandó a sus discípulos que pidiesen prestado un asna con su pollino. Pusieron sus mantos sobre los animales y Jesús montó el jumento para entrar a Jerusalén. Una enorme multitud lo esperaba y le agasajaron, diciendo:  ̶ “Hosanna (Salvación) al hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor”. El jueves siguiente, Judas entregó al Señor con un beso, el viernes (Santo) fue crucificado y el domingo (hoy llamado de Pascuas) resucitó.

  ̶¿Por qué?

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” Juan 3:16

Esto es un breve resumen de los hechos, quizás suficiente para despertar tu curiosidad.

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Te saluda tu hermano en Cristo:

Rev: Roosevelt Jackson Altez

 

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