Monday, September 4, 2023

Sin refrigerador por el desierto

 



Tan acostumbrados estamos al refrigerador que no nos imaginamos, mejor decir, no concebimos la vida sin este imprescindible electrodoméstico.

Pero antes de que se inventara había que ingeniárselas para conservar los alimentos en lugares frescos. Luego de su aparición, los de menos recursos seguían usando las tradicionales formas de conservación, salados, cocidos, secados, colgados al aire libre, debajo de un árbol con tejido de fiambrera, ahumados, o en un pozo dentro de la casa, usualmente en las que tenían piso de tierra, con agua fresca alrededor.

¿Qué haría cualquiera de nosotros en una situación así? Los más viejos puede que nos acordásemos de algunas de las invenciones para conservar los alimentos.

¿Qué harían los más jóvenes enfrentados a esa circunstancia? Puede que si el grupo era de dos o tres sobrevivieran unos días. ¿Y si fuera más numeroso? Allí se complicaría sobremanera.

Imaginemos al pueblo de Israel, mas o menos dos millones de personas al salir de Egipto, caminando en el desierto por cuarenta años. ¿Cómo se alimentaron?

Claro, hubo una gran fiesta, danzas y alegría al ser liberados, del otro lado del mar, a poco de salir.

Pero luego…

Cuando ya se agotaban las provisiones, y veían que el hambre estaba a la puerta, comenzaron a quejarse a su líder, el patriarca Moisés. Y este elevó la queja colectiva y la suya propia a Dios.

Sucedió así: “Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.”

Y Dios contestó así: “He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 

Espera, recoger diariamente...

¿Qué harías tú en una situación similar, al encontrar una despensa llena de alimentos, o al aparecer milagrosamente un vendedor con su carreta llena? ¿Te abastecerías sólo para un día, sin saber cuando se harían de comida nuevamente? Esos hambrientos aventureros que te rodeaban, ¿no te robarían al escasear sus provisiones?

El líder les dijo que no podían recoger mas de lo diario para alimentarse, pero...

Veamos lo que hicieron, lo que tú harías ¿o no?

“Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.  Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crio gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés.  Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.”

Comida para el día, nada más. Y nunca les habría de faltar.

Ni les faltó, mientras estuvieron en el desierto.

El maná cesó cuando llegaron a la tierra prometida.

“Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán”

EL hambre es uno de los padecimientos más terribles. Ante la carencia de comida se han escuchado horripilantes historias, algunas bíblicas, otras no.

Pero ¿por qué pasaron hambre?

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”

“E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos”

Nos hemos rodeado de comodidades, hemos construido carreteras, ciudades, edificios, un sistema de abastecimiento permanente que se distribuye en las orbes, desde Babel (donde Dios mezclara los idiomas) a Nueva York (la actual, la gran manzana).

Hemos creado ídolos: deportivos, artistas, lideres, religiosos. Dioses y semidioses, religiones y sectas. Pero nos hemos olvidado de Dios, del Creador que hizo los cielos y la tierra, e hizo bajar maná en el desierto para alimentar a su pueblo. Que no necesitaban guardarlo para el dia siguiente porque el abastecimiento era diario. Infalible.

Necesitamos alimento para el cuerpo, pero no digerimos alimento para el alma. Paradojal, porque el cuerpo vuelve al polvo y el alma permanece, no muere.

Comemos y bebemos porque pronto habremos de morir, pero no nos preparamos para el camino que sigue.

Tonto, ¿No?

El diablo tentó a Jesús en el desierto en lo material. Jesús le contestó en el Espíritu.

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”

Sin refrigerador y en el desierto. Cualquiera de nosotros no sobreviviríamos, si dependiéramos de nosotros mismos.

Se evidencian dos planos, dos dimensiones, en toda la narración bíblica. Esto es, lo que no se ve, lo espiritual, y lo que se ve, lo natural, a lo que llamamos real.

El Maestro lo expresa así: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” y más adelante: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” Juan 6

EL pueblo de Israel fue alimentado con maná cada día. Pan del cielo, estrictamente expresado. Pero ese alimento les sirvió para sobrevivir en un desierto cuarenta años, hasta llegar a Canaán, la tierra prometida en la margen este del Rio Jordán. Esta era la promesa en la dimensión temporal, donde los israelitas, al igual que nosotros, nacían y morían. Pero Abraham, que fue quien recibió la promesa, vio (en el espíritu) la ciudad celestial: “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”

Dos dimensiones, la temporal y la eterna.

“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” Hebreos 11:13-16

Todos debemos cruzar el desierto, con espacios de refrigerio, de descanso temporal.

Pero lo que nos espera vale la pena.

Vale la pena indagar, escudriñar, buscar el tesoro escondido más allá de lo terrenal.

Si tienes dudas, si quieres saber más, escríbenos.

edicionesdelareja@gmail.com


Bendiciones

 Tu hermano en Cristo

 Roosevelt Jackson Altez  M.T.S.

 Puedes encontrar este artículo en: 

https://iglesiaheroesdelafe.blogspot.com/2023/09/sin-refrigerador-por-el-desierto.html


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